JMJ, una oportunidad

para la Pastoral Juvenil

Rosendo Soler y Koldo Gutiérrez

Centro Nacional Salesiano de Pastoral Juvenil - Madrid


Muchas diócesis, congregaciones religiosas, asociaciones, grupos juveniles, movimientos… están preparando la Jornada Mundial de la Juventud. Pero esta preparación ya comenzó con la conclusión del encuentro de Sidney, al ser anunciada la siguiente JMJ para agosto de 2011 en Madrid.
También nosotros queremos aportar nuestro granito de arena a este acontecimiento. Nuestra experiencia, y práctica pastoral, nos anima a afirmar que la JMJ es una oportunidad que debemos aprovechar. Esta es la clave de lectura de estas páginas.
Hemos ordenado estas reflexiones de manera sencilla. Constatamos el protagonismo que tiene la JMJ en la pastoral de la Iglesia. Creemos que este éxito se explica por haber sabido dar una respuesta pastoral en el contexto cultural que vivimos. Por eso vemos que tenemos delante un reto para nuestra pastoral juvenil y proponemos algunos caminos de preparación.

1. Importancia de la JMJ en la Pastoral Juvenil eclesial

En la década de los 60 se fraguó una manera nueva de hacer encuentros juveniles de inspiración cristiana. Muchos jóvenes, de distintos países del mundo y confesiones cristianas, encontraron en Taizé un lugar para rezar, dialogar y volver a sus casas comprometidos por hacer un mundo mejor (“lucha y contemplación”).
La experiencia de Taizé ha continuado en el tiempo. Los encuentros juveniles son, desde entonces, un lugar de evangelización y educación religiosa, capaz de ofrecer modos válidos para que los jóvenes creyentes puedan profundizar y expresar su fe.

Iniciativa de Juan Pablo II
La iniciativa de la JMJ, como hemos podido leer en el primer artículo de este número de Misión Joven, fue de Juan Pablo II, “genial iniciador de las Jornadas Mundiales de la Juventud”[1].
Es conocido por todos la capacidad de conexión del Papa Wojtyla con los jóvenes. Durante su largo pontificado se encontró con millones de jóvenes, a lo largo del mundo, en una extraordinaria aventura espiritual, proponiéndoles una y otra vez el encuentro con Jesucristo. Para facilitar este encuentro es preciso presentar el mensaje de Cristo, transmitido por la Iglesia, que es exigente y, al mismo tiempo, fuente de gran alegría[2].
La primera JMJ tuvo lugar en 1986. Y, poco a poco, la experiencia se ha ido asentando y adquiriendo una gran importancia en la Pastoral Juvenil de la Iglesia.
El Papa Benedicto ha seguido esta senda ofreciendo su propio carisma personal y originalidad. Destaca la sabiduría y luminosidad de su magisterio (Papa teólogo) con una palabra clara en el mensaje, planteamientos positivos, y estilo amable.
Este Papa convence también por su humildad[3], ofreciendo una palabra propositiva y nunca impositiva. Recordemos las palabras con las que se presentó a la Iglesia, y al mundo, el día en que fue elegido sucesor de San Pedro: “Humilde siervo en la viña del Señor”.

Finalidad de la JMJ
“La finalidad principal de las Jornadas es la de colocar a Jesucristo en el centro de la fe y de la vida de cada joven, para que sea el punto de referencia constante y la luz verdadera de cada iniciativa y de toda tarea educativa de las nuevas generaciones”[4].
De esta manera hablaba Juan Pablo II. Se ve que la JTM pretende ayudar al joven al encuentro salvador con Jesucristo. Y como bien sabemos es éste el objetivo de toda Pastoral Juvenil.
¿Qué tiene en común y en qué se diferencia de otros encuentros juveniles? Este encuentro comparte, con otros, estas características: protagonismo juvenil, búsqueda de experiencia religiosa cargada de significación y alegría. Al mismo tiempo tiene algunas características propias: un número masivo de participantes, procedencia internacional de los mismos, implicación de altos organismos de la Iglesia, participación de las diócesis y movimientos eclesiales, congregaciones… y la presencia del Papa.
La imagen del peregrinaje por los caminos del mundo es especialmente significativa en la JMJ. “Esta peregrinación del pueblo joven construye puentes de fraternidad y esperanza entre los continentes, los pueblos, las culturas. Es un camino siempre en movimiento. Como la vida. Como la juventud”[5].

Frutos a alcanzar y peligros a evitar
“Señalo simplemente tres frutos claros de estas jornadas. Ante todo, son ellas mismas un momento fuerte de evangelización: ya sea en el interior de los jóvenes, ya sea frente a la iglesia entera y al mundo. Es evidente que los jóvenes, a lo largo del camino de peregrinación, van siendo profundamente evangelizados por la Palabra de Dios y por la presencia operante del Espíritu de Cristo resucitado… Las jornadas convierten en signo eficaz la comunión eclesial… Finalmente, las jornadas –si son bien preparadas y luego continuadas en la reflexión comunitaria y personal y en la oración- resultan siempre un fuerte desafío de renovación para los jóvenes: Cristo los asume en un compromiso profundo de santidad y los hace misioneros del mundo contemporáneo”[6].
Nuevamente hemos tomado palabras de Juan Pablo II. Hemos subrayado aquellas palabras que nos parecen centrales: momento fuerte de evangelización, comunión eclesial, renovación de vida, compromiso de santidad y ser mandados como apóstoles y misioneros en medio del mundo.
Para poder disfrutar de estos frutos debemos evitar algunos peligros, presentes en cualquier encuentro juvenil, aunque haya sido preparado exquisitamente por sus organizadores. Destacamos tres peligros: masificación, fugacidad y pasividad. La JMJ corre estos riesgos.
Estos peligros están relacionados con el antes, el después y con la celebración del mismo encuentro. Una deficiente preparación personal o grupal pueden traducirse en masificación. No tener la sabiduría de la continuidad, no saber traducir lo vivido al día a día, o a la pastoral posterior al encuentro hace que podamos hablar de fugacidad. ¿Y cuál es el peligro en el mismo encuentro? La pasividad. Es decir tomar una actitud consumista, sin dejar que las palabras, las celebraciones… calen en nuestro interior y nos transformen.

2. Nuevo contexto para la Pastoral juvenil

Toda acción pastoral es contextual, también lo son las acciones de pastoral juvenil. Por lo tanto no podía faltar en nuestras reflexiones alguna palabra sobre nuestro contexto pastoral.

De la modernidad a la posmodernidad
Después del Concilio Vaticano II la pastoral de la Iglesia, y con ella, la pastoral juvenil hizo un serio esfuerzo de puesta al día. Teólogos y especialistas en Pastoral hicieron un inmenso trabajo de fundamentación teológica y de propuestas pastorales.
Aunque la sociedad estaba inmersa en un proceso imparable de secularización, en la educación y formación de los jóvenes cristianos se logró proponer y seguir procesos de formación. La parroquia, la escuela y la familia todavía eran las plataformas privilegiadas para la socialización religiosa.
En la década de los noventa y, con mayor claridad, en el comienzo del nuevo milenio nos adentramos en otro periodo. Los estudiosos lo describen de maneras distintas, incluso hay quien habla de “cambio de época”.

La complejidad
Muchos han descrito las características del nuevo momento. Nosotros nos vamos a referir a la experiencia religiosa[7]. Calificamos este momento como complejo. Complejo significa no sólo que admite pluralidad de opciones y puntos de vista, sino que esta pluralidad no es reducible a una unidad.
Complejo, también, porque descubrimos mezcladas vida y caos. Por una parte descubrimos en las nuevas generaciones una gran sed de sentido y una búsqueda de algo que describen como espiritualidad. Pero por otra parte vemos caos, mezcla desordenada de ideas y experiencias religiosas, un notorio relativismo.

Dificultades
Esta complejidad se traduce en algunas dificultades para la experiencia religiosa:
- Muchos jóvenes manejan conceptos, imágenes, palabras… confusas al hablar de la religión y la fe.
- La imagen de Jesucristo que se subraya, en ocasiones, no concuerda con el Jesucristo del credo cristiano.
- Se habla mucho de pluralismo religioso pero, en ocasiones, lo que se vive es sincretismo o ambigüedad. Este proceso de pluralidad se acelera con fenómenos como las migraciones, internet y la globalización.
- La imagen de la Iglesia que se impone en algunos lugares y ambientes es la de una institución lejana, caduca, poco creíble y poco fiable. El triste escándalo de la pederastia ha intensificado esta imagen.
- Ya hay, entre nosotros, muchos jóvenes que nunca han tenido contacto con la Iglesia, otros han tenido un contacto insuficiente que no alcanzó a suscitar la fe.

Posibilidades
Pero nos quedaríamos con una imagen distorsionada si no constatásemos ciertas oportunidades que las nuevas claves culturales nos ofrecen. Hay una nueva constelación de valores emergentes que la JMJ ha sabido incluir en sí misma:
- El primero lo expresamos con la palabra mundialidad. El mundo no queda encerrado en mi aldea o mi ciudad, o mi nación. Una crisis, un desastre, un evento… es vivido por todos. No podemos olvidar que la Iglesia se define como católica, universal. La JMJ es un encuentro de jóvenes del mundo entero. Estar juntos prima sobre las diferencias y los puntos de vista.
- El segundo valor que queremos destacar es la irrupción de la comunicación. Los expertos nos dicen que todo es comunicación. Se comunica con la palabra, el gesto, la música, la celebración… La JMJ es una plataforma moderna de comunicación. La JMJ es una noticia, una buena noticia en los medios de comunicación. En muchas ocasiones los medios de comunicación, anclados en sus clichés sociológicos, no saben qué decir sobre jóvenes en búsqueda espiritual.
- El tercer valor que queremos destacar es el sentido artístico, con una estética juvenil y cuidada, de muchos de los actos, especialmente los festivales de la juventud, la vigilia de oración con el Papa, el himno de la JMJ, y tantos detalles que envuelven de una magia especial a los participantes.
- Por último destacamos el valor de la fiesta. Todo alrededor de la JMJ tiene un ambiente festivo y alegre, como no puede ser de otra manera cuando están presentes los jóvenes.

Claves del éxito de la JMJ
¿Cuáles son las claves del éxito de la JMJ? ¿Por qué convocan a tantos jóvenes? La JMJ, posiblemente, ha sabido captar una demanda juvenil de nuestro tiempo. Y ha ofrecido una respuesta concreta a esta demanda.
La pastoral juvenil, entre la modernidad y la posmodernidad, está buscando su sitio. Quienes nos dedicamos a la pastoral con jóvenes solemos detectar algunas dificultades: la disminución de jóvenes en procesos de pastoral, las dificultades de continuidad de estos mismos procesos, la lejanía de muchos jóvenes de la Iglesia, la debilidad del sujeto pastoral.
Para dar respuesta a estas dificultades se aventuran ciertas soluciones: flexibilizar los procesos formativos (procesos circulares), dar contenido a una pastoral misionera y buscar puntos de encuentro, distinguir y atender el Primer Anuncio y el Anuncio explícito, fortalecer el sujeto pastoral (formación y vida cristiana intensa), apostar por comunidades de referencia abiertas .

Lugar de la JMJ en la Pastoral Juvenil
Juan Pablo II tiene claro que la JMJ no sustituye a la Pastoral Juvenil. “Su propuesta no es alternativa de la pastoral juvenil ordinaria, frecuentemente realizada con gran sacrificio y abnegación. Más bien quiere fortalecerla, ofreciéndole nuevos estímulos de compromiso, metas cada vez más significativas y participativas”[8].
Muchos jóvenes han descubierto en la JMJ un lugar para experimentar la fe. No todos van a estas jornadas en la misma situación personal y de fe. Lo importante es despertar el deseo de otra dimensión de la existencia, hacer sentir la presencia de Dios como fortuna y como riqueza. Por todo ello, para algunos la JMJ es un Primer Anuncio, para otros es una fuerte experiencia de encuentro con Jesucristo.

Una oferta sencilla y clara
En su estructura, la JMJ pone de relieve el anuncio (las catequesis). De alguna manera se dibujan los cuatro momentos de la pastoral de la Iglesia: Martyria (el testimonio creyente), la Koinonia (la comunión, tan evidente en la JMJ), la Diakonia (la invitación al ser fuerza transformadora de la realidad), la Lyturgia (las celebración litúrgica).
“Los distintos momentos de que consta una Jornada Mundial constituyen en su globalidad una forma de vasta catequesis, un anuncio del camino de conversión a Cristo, a partir de la experiencia y de los interrogantes profundos de la vida cotidiana de los destinatarios. La Palabra de Dios es el centro, la reflexión catequética el instrumento, la oración el alimento, la comunicación y el diálogo el estilo”[9].

3. Una oportunidad pastoral

Desde el comienzo de nuestra reflexión hemos hecho notar la oportunidad pastoral que tenemos con la preparación y participación en la JMJ. Decimos que es una oportunidad para ayudar a los jóvenes: a encontrarse con Jesucristo y con su Iglesia; reafirmar la adhesión a Jesucristo; a comprometerse en la transformación de este mundo siendo apóstoles entre los jóvenes.
Es todo un desafío ayudar a estos jóvenes a vivir su experiencia religiosa cristiana sin renunciar al tiempo que les toca vivir. La labor de un acompañamiento personal será vital en este proceso, para ayudar a personalizar estas opciones. Ellos son jóvenes de este tiempo histórico.

Claves
Aunque no siempre sean conscientes de ello, los jóvenes de hoy en día, también están necesitados de vivir con sentido, vivir con verdad y vivir con esperanza (una vida dichosa y plena). Estas son las claves donde nos queremos situar.
- “El sentido” frente a la superficialidad. Parece que todo invita más a la superficialidad que a la hondura. Pero tenemos que reconocer que vivimos hambrientos de sentido, intentando buscar el significado de lo que vivimos.
La crisis del sentido es uno de los graves problemas de nuestro tiempo. Nos sentimos más cómodos respondiendo a “cómo” que a “por qué” o “para qué”. Una cultura que carece de mística, que carece de sentido, se convierte en una cultura peligrosa.
¿Cómo podemos preparar la JMJ potenciando la clave del sentido? Preparar un camino de catequesis, experiencias, diálogos personales, foros… con propuestas significativas que nos ayuden a salir de nosotros mismos, a relacionarnos con los demás y encontrarnos con Jesucristo.
- “Lo esencial del mensaje cristiano” frente al fundamentalismo. La palabra verdad se presenta problemática para muchos de nuestros contemporáneos. Tiene más adeptos la palabra opinión que la palabra verdad. “Es tu opinión”, se oye decir con frecuencia. Esta expresión se oye en la vida ordinaria, en los medios de comunicación e, incluso, en ámbitos culturales cualificados.
Ciertas formas de religiosidad pueden ser calificadas de fundamentalismo, pero no puede ser tachado sin más de fundamentalista a quien defiende ciertas verdades.
Todo credo se fundamenta en una verdad que se despliega y resplandece. El cristianismo es verdad que brilla, que se ofrece y se acoge jubilosamente. Negar este principio es rebajar la fe.
Quienes trabajamos pastoralmente con adolescentes y jóvenes tenemos dificultades para presentar lo esencial de la fe cristiana, no nos es fácil contribuir a la inteligibilidad de la fe. Pero sabemos que la inteligencia de la fe necesita ser nutrida, que la fe nunca va en contra de la razón, sino que la desborda, fundamentándola en el misterio de Dios y de su gracia. Para conseguir esa inteligibilidad de la fe proponemos caminos educativos. A estos caminos tenemos que dedicar muchos de nuestros esfuerzos. Eso es hacer pastoral juvenil.
Aquí situamos dos palabras que tienen su importancia en la pastoral juvenil hoy: el horizonte de la conversión y el camino de la personalización de la fe.
La personalización tiene en la oración personal, en el encuentro con la Palabra de Dios y en el acompañamiento personal sus mejores herramientas.
La conversión es un camino con momentos de desierto (ruptura con los ídolos, salir en búsqueda…) y de encuentro con el Resucitado.
¿Cómo preparar la JMJ desde esta clave? Proponer también catequesis, experiencias, diálogos personales, foros de discusión… donde se vuelva a dialogar los puntos esenciales de nuestro Credo. Hacer experiencia de oración personal, acercarse a la Palabra de Dios acogiéndola y guardándola en el corazón (Cfr. Lc. 2, 51).
- “La esperanza (vida cristiana dichosa y plena)” frente al relativismo. La deriva de la opinión, el oscurecimiento de la verdad, lleva lentamente al tobogán del relativismo. En esta deriva se sitúan muchas personas hoy.
Frente al relativismo tenemos la propuesta de vida cristiana que siempre, hoy también, entiende la vida del creyente como plenitud y santidad.
La vida cristiana no es una carga sino que es un don, un regalo. Es así que podemos afirmar que el joven cristiano tiene una originalidad, un atractivo especial, una alegría que brota del don recibido. Hay que reconocer que hoy también hay, entre nosotros, jóvenes cristianos magníficos.
Ocupan un lugar central en esta vida cristiana la vida sacramental como despliegue del amor y la presencia del Dios de Jesús en nuestra vida.
“La humanidad tiene necesidad imperiosa de jóvenes libres y valientes, que se atrevan a caminar contra corriente y a proclamar con fuerza y entusiasmo la propia fe en Dios, Señor y Salvador”[10].
¿Cómo preparar la JMJ desde esta clave? Proponer el testimonio de jóvenes cristianos capaces de vivir contra corriente, recordar el testimonio de los jóvenes santos a lo largo de la historia, comprometerse con causas justas.

Núcleos para la preparación
Una vez sugeridas las claves (sentido, verdad y esperanza) queremos presentar tres núcleos temáticos para la preparación de Madrid 2011: la fe en Jesucristo; Jóvenes en la Iglesia y en el mundo; Jóvenes como germen de esperanza.
- Jóvenes arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe. En la JMJ se ofrecen auténticas catequesis cristológicas. La primera de dichas catequesis fue una hermosa reflexión de Juan Pablo II sobre el joven rico, en el año internacional de la juventud. A partir de entonces siempre ha habido una catequesis centrada en Jesucristo y su misterio.
Para la JMJ de Madrid 2011 el Papa Benedicto ha propuesto este motivo: "Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe" (cfr. Col, 2,7). El texto es de la Carta a los Colosenses. La tradición de la Iglesia atribuye la autoría de esta Carta a San Pablo.
Colosas era el nombre de una ciudad pequeña, cercana a Éfeso y Mileto, donde había una comunidad cristiana. La epístola dirigida a esa comunidad tiene como motivo las disensiones que han surgido en su seno a causa de la predicación gnóstica de algunas personas. El apóstol advierte del peligro de esos predicadores hábiles en el hablar, con doctrinas seductoras al oído.
La carta quiere dejar claro que únicamente en Cristo reside la plenitud de Dios (Cfr. Col. 1, 19), y que el Señor es reconciliador por la obra de la redención (Cf. Col. 20).
Este es un mensaje apropiado para nuestro tiempo y nuestro contexto posmoderno, muchas veces empeñado en desdivinizar al Hijo de Dios.
La carta a los Colosenses propone a los cristianos asentarse en una fe firme y en una esperanza inconmovible. La carta afirma que nuestras raíces están de Cristo donde somos edificados. Son sugerentes estas imágenes (raíces, edificio) para poder ser trabajados pastoralmente.
- Jóvenes en la Iglesia y en el mundo. En este momento, por diversos motivos, no es fácil la relación Jóvenes e Iglesia. Tampoco resulta fácil hablar de la Iglesia con ellos. Quienes trabajan pastoralmente con jóvenes bien lo saben. Dicho esto, también hay que decir, que sin Iglesia no es posible la experiencia de la fe en el Dios manifestado en Jesucristo. En la Iglesia somos engendrados cristianos, recibimos la fe; allí se alimenta nuestra fe con la Palabra y los sacramentos; en la Iglesia somos enviados al mundo como anunciadores de esta buena nueva.
Los Padres conciliares se atrevieron a decir a los jóvenes palabras hermosas: “La Iglesia os mira con confianza y amor”[11]. Esa confianza y ese amor siguen estando presentes en la Iglesia. ”Vosotros sois también la juventud de la Iglesia. Todos miramos hacia vosotros, porque todos nosotros en cierto sentido volvemos a ser jóvenes constantemente gracias a vosotros. Por eso, vuestra juventud no es sólo algo vuestro, algo personal o de una generación, sino algo que pertenece al conjunto de ese espacio que cada hombre recorre en el itinerario de su vida, y es a la vez un bien especial de todos. Un bien de la humanidad”[12].
Nuestra apuesta pastoral es acercar la Iglesia a los jóvenes (abrirlos a la eclesialidad de la fe y a la experiencia comunitaria) y los jóvenes a la Iglesia (rejuvenecer el rostro de la Iglesia y hacerla más acogedora).
Nuestra apuesta pastoral es hacer ver el misterio de la Iglesia. “Miradla y veréis en ella el rostro de Cristo, el héroe verdadero, humilde y sabio, el Profeta de la verdad y del amor, el compañero y amigo de los jóvenes”[13].
Hemos puesto como título de este núcleo: “Jóvenes en la Iglesia y en el mundo” queriendo subrayar que su manera de estar es como jóvenes, con su estilo, con sus preguntas, con sus búsquedas e ilusiones... también con su necesidad de discernir su lugar en la Iglesia y en el mundo, su necesidad de referencias, su disponibilidad para el crecimiento…
- Jóvenes cristianos germen de esperanza. El tercer núcleo nos invita a mirar a los jóvenes en la Iglesia con esperanza. Lo hemos dicho más arriba. En estos momentos también hay unos jóvenes cristianos magníficos. Es la minoría católica un resto muy significativo.
Si sabemos mirar convenientemente podemos sorprendernos del camino de fe que muchos jóvenes están haciendo hoy en día. Buscadores inquietos de vida plena. Los jóvenes cristianos son un germen de esperanza para la Iglesia y para el mundo que hay que valorar, reconocer y apoyar. Jóvenes comprometidos en muchas causas justas, jóvenes dando su tiempo y sus cualidades por la formación cristiana de otros jóvenes, jóvenes que son un ejemplo de alegría y coherencia cristiana para muchos adultos, jóvenes buenos ciudadanos y buenos cristianos. Son ya sal y fermento de futuro.

4. El camino hacia la JMJ

Después de todo lo que llevamos dicho llega el momento de describir un posible camino hacia la JMJ. La propuesta que hacemos, como no podía ser de otra manera, es muy sencilla.
Respecto a la JMJ hay un hay un antes y un después. Este esquema temporal (antes, durante y después) nos puede servir para decir que hay que prepararse (antes), que hay que acompañar (durante) y que hay que seguir el proceso iniciado (después).

Prepararse para la JMJ
Para participar de la JMJ hay que preparase. La preparación puede ser a varios niveles: organización, grupal y personal.
Ya hay una organización general de la JMJ que lleva, a buen ritmo, dos años trabajando, los entresijos materiales de las jornadas.
La organización a la que nos referimos en este artículo es la de los grupos que van a acercarse a Madrid en el verano de 2011. Necesitan una estructura mínima que les haga fácil la planificación, la información, la logística, los cauces de contacto. Esta organización debe regirse por criterios de claridad, sencillez y rigor. Sus herramientas son un decidido liderazgo de coordinación, un reparto de responsabilidades y una rigurosa programación.
Los jóvenes que vengan necesitan una preparación personal (un peregrinaje interior) y grupal (un peregrinaje grupal).
Para el peregrinaje interior sería conveniente ofrecer recursos para la oración personal, la reflexión y lectura personal… de tal manera que el participante llegue a Madrid con las mejores disposiciones interiores.
Para el peregrinaje grupal sugerimos estas iniciativas: foros, encuentros de oración[14], reuniones de grupo[15], encuentros diocesanos u otros, resaltar los momentos fuertes del año litúrgico. El objetivo es suscitar el deseo, generar comunión, clarificar qué es la JMJ, iniciar ya el camino de catequesis.
También será un motivo de preparación y un adecuado “calentar los motores” los días en las diócesis del 11 al 15 de agosto, un peregrinaje con paradas escogidas en lugares significativos para empezar a entrar en sintonía con lo que se va a vivir en Madrid.

Acompañar durante la JMJ
Este es el papel de los educadores en los días de la JMJ de Madrid en el verano de 2011. Acompañar en varias claves: un acompañamiento organizativo (recursos, horarios, puntos de encuentro,…), un acompañamiento personal y espiritual. Es un momento oportuno para ello.
La palabra acompañamiento, en el contexto de la JMJ, puede significar diferentes cosas dependiendo la necesidad del joven. Acompañar, en esos días, podrá ser: orientar a quien necesita clarificar temas (incluso las mismas catequesis que se están escuchando, el significado de los gestos celebrativos,…), sugerir a quien se le vea hambriento de crecimiento, ayudar a discernir… Puede significar muchas cosas y desde distinto nivel. “Estar con” los jóvenes para orientar, sugerir, centrar en la gran dispersión de ofertas, actividades, atractivos… va a ser más que necesario para que muchos no se pierdan.
Sería triste que el educador que acompañe a los jóvenes no consiga saber cuál es su papel durante la experiencia. Por eso ya desde ahora lo decimos. Hay que acompañar y saber estar atento a los movimientos del Espíritu.

Seguir la JMJ
Por último. Después de la experiencia hay que tener previsto seguir los procesos personales y grupales iniciados. Es el momento de recoger los frutos. Quizá la JMJ haya puesto en un camino a alguno, o en un nivel distinto,… Será necesaria la atención y habilidad del educador. Por eso es importante saber acompañar durante la celebración de la JMJ.
Pero para recoger, hay que saber sembrar en su momento. No esperemos solo al final para ver lo que surge: apuntemos el camino, hagamos propuestas, aprovechemos los lazos creados con otros grupos, guardemos los diálogos en momentos intensos, aprendamos de lo visto para nuestro lugar de origen…
El día después puede ser el caos o un camino pastoral abonado para varios años, pensemos en comunidad, con los equipos de pastoral, la intencionalidad y los objetivos propios que queremos conseguir con la celebración de la JMJ y con los jóvenes que acompañemos.

Ejercer la hospitalidad
Acabamos este punto subrayando un valor que no podemos descuidar ni en diócesis, ni congregaciones, ni movimientos, asociaciones, parroquias, familias.
La JMJ es una oportunidad única para ejercer la hospitalidad. Puede significar: abrir nuestras casas, colegios, parroquias… tener previstos gestos de acogida, encuentro, celebración, fiesta… ejercer el diálogo, las relaciones… Aquí está también la sabiduría cristiana “quien da, recibe”.
Una hospitalidad que se debe articular a la medida de cada cual, y en la forma que podamos en un ejercicio de realismo, pero nunca de tacañería: hacer las cosas fáciles, organizarnos para poder atender a cuantos más mejor, buscar recursos para compartir, entabla relación cordial con el visitante, resolver sus problemas, orientar e informar es dar vida a la hospitalidad del peregrino venido de lejos.

5. Conclusión

Al comienzo de nuestra reflexión presentábamos la JMJ como una oportunidad para la pastoral juvenil. Este es el momento de recoger con decisión este guante y dedicar los esfuerzos necesarios para poder ayudar a los jóvenes a vivir la fe enraizados y edificados en Cristo.
No va a ser fácil, nadie lo ha dicho. La complejidad del evento, a nadie se le oculta. Pero tenemos más que ganar que perder si nos ponemos “a ello”, de ahí la clave de oportunidad que hemos querido dar a nuestra reflexión. Que no pase de largo, aprovechémosla.

(Misión Joven, novembre 2010)


NOTE

[1] BENEDICTO XVI, L’Osservatore Romano, 24 agosto 2005, 4-5.
[2] Cfr. Tony Anatrella, Jornada Mundial de la juventud: De Toronto a Colonia… en http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/laity/Colonia2005/rc_laity...
[3] El Papa Benedicto XVI propone la humildad como camino de vida cristiana para los jóvenes. Les dice así en Loreto en el encuentro con los jóvenes italianos el 2 de septiembre de 2007: “Queridos jóvenes, me parece que en estas palabras de Dios sobre la humildad se encierra un mensaje importante y muy actual para vosotros, que queréis seguir a Cristo y formar parte de su Iglesia. El mensaje es este: no sigáis el camino del orgullo, sino el de la humildad. Id contra corriente: no escuchéis las voces interesadas y persuasivas que hoy, desde muchas partes, proponen modelos de vida marcados por la arrogancia y la violencia, por la prepotencia y el éxito a toda costa, por el aparecer y el tener, en detrimento del ser”.
[4] Cfr. Carta del Santo Padre Juan Pablo II con motivo del Seminario de estudio sobre las Jornadas Mundiales de la juventud.
[5] Cfr. Ib.
[6] Son palabras de Juan Pablo II el 15 de Agosto de 1990.
[7] Entendemos por experiencia religiosa a la actitud con la cual una persona vive la conciencia de que aquello que da significado a su vida y consistencia a su esperanza está más allá de la propia existencia, y lo vive como don. Cfr. R. TONELLI, Jóvenes y experiencia religiosa..., MJ 216-217 (1995) 26-55.
[8] Cfr. Carta del Santo Padre Juan Pablo II con motivo del Seminario de estudio sobre las Jornadas Mundiales de la juventud.
[9] Cfr. Ibid.
[10]Mensaje del santo Padre Juan Pablo II para la XVIII Jornada Mundial de la Juventud
[11] Cfr. Mensaje del Concilio a los Jóvenes.
[12] Cfr. Carta apostólica del Papa Juan Pablo II a los jóvenes y a las jóvenes del mundo con ocasión del año internacional de la juventud, n.1.
[13] Cfr. Mensaje del Concilio a los jóvenes.
[14] Lleva ya un año la Cruz de la JMJ recorriendo parroquias y diócesis.
[15] Aquí se sitúan las posibles catequesis.