Enseñar a los jóvenes

que maravilloso es

ser cristiano

Jan Balík *

Juan Pablo II fue un hombre de fe profunda y a la vez de humanidad extraordinaria. Durante toda su vida estuvo buscando la manera de juntarse con jóvenes con quienes dialogaba e intentaba transmitirles cuánto les quiere el Señor. Al ser elegido Papa no cesó este empeño, y aprovechaba su capacidad para conectar con los jóvenes y frecuentemente se juntaba con ellos[1]. Maduraba en él la idea de que en la Iglesia es necesario hacer algo por la evangelización de los jóvenes. Así, en su corazón, nacieron las JMJ. Empezando en el año 1985 se empezaron a celebrar cada dos o tres años encuentros internacionales con la presencia del Papa y anualmente se encuentros de jóvenes con su obispo, en las celebraciones diocesanas de la JMJ el Domingo de Ramos.
Los jóvenes de la República Checa no tuvieron la posibilidad de estar en las primeras celebraciones mundiales a causa de la represión comunista. Solo algunos pocos bienaventurados estuvieron en la JMJ de Santiago de Compostela en el año 1989. Justo después del final del totalitarismo comunista los obispos checos propusieron seguir el camino papal en Pastoral Juvenil. Fueron más de ocho mil jóvenes de Chequia a Częstochowa en el año 1991. Desde esta época las JMJ se convirtieron en el fundamento de la Pastoral Juvenil en el trabajo renovado de nuestra Iglesia.

Que novedades en la pastoral juvenil trajo Juan Pablo II

La contribución de Juan Pablo II a la pastoral juvenil es realmente grande. En particular ofreció a la Iglesia, también al mundo, la experiencia de la esperanza.
J. Ratzinger después de la JMJ celebrada en París en el 1997 escribió: "No he encontrado a nadie que no fue arrastrado bajo la atmósfera de esta reunión en la fe. De repente fue maravilloso ser cristianos”[2]. En su reflexión, el entonces cardenal, decía que Juan Pablo II en su comunicación con los jóvenes hacía perceptible la Iglesia, el misterio… la presencia de alguien más grande, Jesucristo[3]. Al principio de su pontificado Benedicto XVI no dudó en marcar la contribución de su predecesor en la evangelización del mundo de los jóvenes como uno de los aspectos más importantes de su pontificado[4].
Juan Pablo II sobre todo renovó los aspectos espirituales de la pastoral juvenil. Esto permitió a la Iglesia experimentar una “auténtica escuela de la formación"[5], que consistía en su convencimiento de que lo más importante que se puede ofrecer a una persona joven es el encuentro con Jesús vivo[6]. De acuerdo con las enseñanzas del Concilio Vaticano II (AA 12) y de Pablo VI (EN 72) desarrolló la idea de que los jóvenes tienen que asumir su responsabilidad en el campo de la evangelización de sus compañeros, y constantemente les animaba para adoptar el valor de su misión.
En la pastoral juvenil, que muchos concebían como algo exclusivo del sistema escolar, de los catequistas, de algunas órdenes religiosas o de algunos individuos carismáticos, destacó el papel del obispo y de su misión pastoral y en la coordinación. Enseñaba a toda la Iglesia a trabajar de forma sistemática para los jóvenes[7].
Abrió la Iglesia a los jóvenes y destacó que son parte de ella. En Christifideles laici escribió: "La Iglesia tiene tantas cosas que decir a los jóvenes, y los jóvenes tienen tantas cosas que decir a la Iglesia.” (ChL 46).
La celebración de la JMJ dio ejemplo de cómo llevar felizmente la inculturación, incluyendo en todo ello la liturgia (RM 37). Por último, no podemos olvidar que Juan Pablo II nunca entendió la celebración de JMJ como un hecho aislado, sino como un proceso a largo plazo. Así comenzaba todos los años con un mensaje a los jóvenes que debía llegar a todos los lugares pastorales de la Iglesia con los jóvenes.

La contribución de la JMJ en las vidas de los jóvenes

Más de veinticinco años de experiencia ofrecen la suficiente experiencia para que podamos describir los ricos beneficios de las JMJ en las vidas de los jóvenes[8].

Experimentar la catolicidad
El único grupo humano que en el mundo está globalizado a largo plazo es la Iglesia, que reúne a personas de todas las naciones, culturas y edad en una comunidad. Las diferencias pueden ocasionar barreras, pero también pueden enriquecer. La reunión de la Comunidad de la Iglesia enseña a los jóvenes el amor verdadero, que une en la diversidad[9]. Jóvenes de esta forma amplían su percepción de la fraternidad universal en la Iglesia y se da cuenta de que puede encontrar en todo el mundo su hogar.

El renacimiento de la fe y del entusiasmo de los jóvenes en Cristo, la Iglesia y la evangelización
Experimentar la JMJ, y con ella el consiguiente grado de la apertura para la acción de Dios, lleva a los participantes a asumir la propia responsabilidad por la Iglesia y la evangelización del mundo y especialmente para el apostolado entre sus compañeros.
Por regla general, tras el regreso muchos se involucran en diversas actividades en la parroquia o fuera de ella (por ejemplo, se renuevan o se forman nuevas comunidades de jóvenes, se desarrollan nuevos movimientos religiosos) o centrarse en encontrar maneras como llegar a los jóvenes el Evangelio con la que se encuentran.
Por ejemplo, en la República muchos jóvenes después de asistir a la JMJ decidieron dar parte de su vida a Dios en el servicio a los demás en la Iglesia, creándose muchos centros para jóvenes y también el servicio del voluntariado en la Iglesia. Igualmente muchos laicos que trabajan en parroquias recuerdan como en ellos germinó la decisión de dedicarse a la Iglesia durante la participación en eventos similares.

Vocación al matrimonio
Otra contribución de la JMJ es que se posibilita más fácilmente encontrar pareja creyente para el matrimonio gracias a muchas oportunidades durante los encuentros entre chicos y chicas. En las reuniones se habla de la grandeza del amor humano, del matrimonio y de la familia desde el plan de Dios. Los jóvenes tienen la oportunidad de descubrir la dimensión, la complejidad y el carácter sagrado de la vida familiar y tomar conscientemente el camino de crecimiento para el amor honesto y la mejor preparación para su futura vida familiar. Hoy en día hay muchas familias jóvenes que comenzaron su viaje de la vida disfrutando juntos el encuentro.

Vocación religiosa
Muchos sacerdotes y personas consagradas agradecen su vocación a la participación en la JMJ, porque durante ella oyeron la voz de Dios y encontrar en sí mismos el valor de seguir esa voz.

Renovación de las prácticas confesionales
Especialmente en los países donde más fuertemente se mostró la crisis de la Iglesia en los años 70, las JMJ han contribuido a redescubrir el sacramento de la confesión, tanto por los jóvenes como por los sacerdotes.
Juan Pablo menciona en Novo millennio ineunte (NMI 37) un gran número de jóvenes que se confiesan durante el programa de las jornadas. Con esto se une también el nuevo interés y el desarrollo del acompañamiento espiritual.

Renovación de la catequesis y la formación en la fe
Los jóvenes se encuentran con Cristo y exigen a la Iglesia una formación sólida y reivindican atención. Sus expectativas se convierten para los responsables de la Iglesia y para los sacerdotes en un reto importante: necesitan encontrar un guía sabio en su camino de fe.
Después de cada JMJ aumenta el interés de los jóvenes por los cursos bien preparados para animadores, para novios, para el aprendizaje del catecismo o directamente de la teología, y otras ofrendas de formación[10].

Benedicto XVI sobre la JMJ

El actual Papa, Benedicto XVI, agradece enormemente la contribución de su predecesor en la pastoral juvenil y sigue su camino en esta área con lealtad.
Entre las manifestaciones más importantes sobre la importancia de JMJ se incluye su discurso ante la Curia Romana durante la Navidad del 2008. En primer lugar, se refirió a algunas objeciones. “Algunos análisis que están de moda tienden a considerar estas jornadas como una variante de la cultura juvenil moderna, como una especie de festival rock modificado en sentido eclesial con el Papa como estrella. Con fe o sin fe, en el fondo estos festivales serían siempre lo mismo; y así se piensa dejar de lado la cuestión sobre Dios. También hay voces católicas que van en esta dirección, considerando todo ello como un gran espectáculo que, aunque sea hermoso, sería de poco significado para la cuestión sobre la fe y sobre la presencia del Evangelio en nuestro tiempo. Serían momentos de un éxtasis festivo, pero que en fin de cuentas luego dejarían todo como estaba antes, sin influir profundamente en la vida"[11].
Basándose en estas dificultades habla sobre la naturaleza de la propia JMJ. Afirma que se trata de un programa a largo plazo y sistemático. La JMJ no se agota solamente en una semana cuando entra en los medios de comunicación. Es un viaje espiritual alrededor de la Cruz de la JMJ y el icono de la Virgen María. Los jóvenes se preparan al encuentro individual y colectivamente centrando su atención en Cristo. "Los días festivos son el punto culminante de un largo viaje en el que nos encontramos unos con otros y juntos podemos encontrar a Cristo".
Y, a continuación, señala otro plano crucial del encuentro. No es posible experimentar la JMJ y perder de vista la gran alegría que ofrece. "Según la Escritura, la alegría es fruto del Espíritu Santo (cf. Ga 5, 22). Este fruto se pudo constatar abundantemente en los días de JMJ... La alegría como fruto del Espíritu Santo... La fiesta se puede organizar; la alegría no. Sólo se puede ofrecer como don; y, de hecho, nos ha sido donada en abundancia"[12].
Y añade su apreciación de que, "en la celebración de la JMJ es algo que es una ayuda para todos"[13]. Podemos decir que las JMJ son un gran don para toda la Iglesia.
Unos meses antes de la JMJ en Madrid, es conveniente pensar en el por qué es tan importante inspirar a los jóvenes en participar en ella. Que los días de agosto contribuirá a una gozosa nueva: Jesús sigue siendo moderno, su amor puede encender el corazón de los jóvenes incluso en la actualidad.


* Es sacerdote y teólogo. Responsable de Pastoral Juvenil en la República Checa

(Misión Joven, aprile 2011)


NOTE

[1] Juan Pablo II, Varcare la soglia della ssperanza, cap. 19.
[2] RATZINGER, J. – BENEDICTO XVI: Giovanni Paolo II. Il mio amato predecessore, cap. I. (En Juan Pablo II se puede experimentar la Iglesia).
[3] RATZINGER, J. – BENEDICTO XVI: Giovanni Paolo II. Il mio amato predecessore, cap. I. (En Juan Pablo II se puede experimentar la Iglesia)
[4] BENEDICTO XVI: Intervista alla televisione polacca, 16. 10. 2005.
[5] ARRESE, A. A.: Itinerari educativi nella pastorale giovanile in: Insieme sulle strade dell´Europa. Atti del I convegno europeo di pastorale giovanile. Città del Vaticano : Pontificio consiglio per i laici 1995, pág. 95.
[6] Rylko, S.: I giovani e il Papa. Insieme. Un progetto di pastorale giovanile, in: Insieme sulle strade dell´Europa. III Convegno Europeo di Pastorale Giovanile. Città del Vaticano : Pontificio consiglio per i laici 1999, pág. 181 – 186.
[7] Mons. Domenico Sigalini señala que en los años 80 del siglo XX se produjeron en muchas diócesis esfuerzos de coordinar la pastoral juvenil, que se produjo principalmente debido a las visitas del Papa, que quería reunirse con los jóvenes, y que era necesario encargar a alguien su preparación. MIDALI, M. - TONELLI, R.: Dizionario di pastorale giovanile. Leumann (Torino) : Elledici 1992, pág. 841.
[8] De manera muy detallada habla de los beneficios de las JMJ Mons. Renato Boccardo (el actual arzobispo de la diócesis italiana de Spoleto-Norcia) quién fue durante largo plago el responsable de su preparación (1991 – 2005): VAYNE, F. – ROLLIER, A.: VAYNE, F. – ROLLIER, A.: Jean-Paul II les Jeunes et les JMJ. Paris: Parole et Silence 2006.
[9] BOCCARDO, R.: Intervista. In: LO IACONO, E.: Se mi sbaglio mi corrigerete. Roma: OCD 2008, pág. 171.
[10] Comparación GARELLI, F. – CAMOLETTO, R. F. (edit.): Una spiritualita in movimento. Padova: Edizione messagiero 2003, pág. 156.
[11] BENEDETTO XVI: Udienza alla Curia Romana, 22.12.2008.
[12] BENEDETTO XVI: Udienza alla Curia Romana, 22.12.2008.
[13] BENEDICTO XVI: Luce del mondo, pag. 163.